En octubre de 1877, la porción del condado de Madera del Valle de San Joaquín estaba casi desierta. Madera acababa de celebrar su primer cumpleaños, y sus vecinas, Berenda al norte y Fresno al sur, cada una tenía solo cinco años más. Entre estas nacientes comunidades se encontraban las escasamente pobladas “Fresno Plains” (Llanuras de Fresno), llamadas así por su proximidad al río Fresno. La vida de los pioneros en el fondo del Valle apenas comenzaba con el amanecer del último cuarto del siglo XIX.
En las estribaciones, sin embargo, la historia era diferente. Comunidades como Coarsegold, Finegold, Fresno Flats y Buchanan ya estaban bien establecidas para cuando la civilización llegó al valle, y las instituciones habituales de la sociedad organizada —iglesias, escuelas y círculos de costura— habían transformado hacía tiempo estos pequeños y escarpados campamentos mineros en pueblos en toda regla. Prevalecían las normas de decencia común y, para 1877, el este del condado de Madera se había despojado de su atuendo de frontera y se había envuelto en la vestimenta de la civilidad, excepto en lugares como la Tienda de McKeown.
McKeown’s, located on the Fresno River at the Millerton Road Crossing, had a rough reputation. For years, it provided a back-woods haven for outlaws and other ne’er-do-wells. John Burton, the proprietor, always had his hands full, trying to keep peace in his saloon, and generally he did a pretty fair job, until that fateful evening in 1877, when knives flashed and pistols cracked in one of this county’s bloodiest barroom brawls.