En esta época del año, en los días de antaño, se me podía encontrar a tempranas horas de la mañana, sentado con mi familia y los peones, mientras un viejo tractor oruga Cletrac y un remolque nos subían y bajaban la colina para ir a la huerta.
Era hora de cosechar los albaricoques.
Luego, por las tardes, estábamos bajo el techo del cobertizo de corte, forrando bandejas de madera con esas deliciosas mitades de albaricoque. Cuando estaban secas (al sol), era hora de clasificarlas.