El adolescente ensilló su caballo, lo montó y se preparó para emprender su travesía habitual a la Escuela Arcola. No vivía lejos, solo un poco más arriba de la Avenida 12, así que no era como si estuviera cruzando las llanuras. Disfrutaba del paseo, especialmente si el clima era bueno.
Sin embargo, esa mañana en particular, el clima definitivamente no era bueno. Llevaba varios días lloviendo a cántaros, y el agua se estaba acumulando en el lado este de las vías del ferrocarril Southern Pacific. Si lloviera mucho más, el agua rebasaría e inundaría las tierras de cultivo al oeste de la autopista Golden State, sin mencionar el patio de la escuela Arcola.
El joven jinete, sin embargo, no se inmutó. Ray Pool nació con una pizca de audacia, y un poco de agua no iba a apagar su ánimo. El optimismo natural en él contrastaba fuertemente con esos cielos pesimistas sobre él esa mañana de febrero de 1938.