El 14 de julio de 1933, Albert Fuller, el “asesino del pozo de mina” del condado de Madera, subió los peldaños de la horca y pagó por matar a su socio comercial de contrabando de licor, James Kipp. El asesinato y el intento de dos años de Fuller por escapar de la soga del verdugo captaron la atención de la gente y lo convirtieron en uno de los crímenes más notorios en la historia del condado de Madera.
Tres elementos explican la notoriedad de este caso. Primero, la víctima, que llevaba una semana desaparecida, finalmente fue encontrada flotando en el fondo de un profundo pozo de mina no muy lejos de Raymond. Segundo, la víctima era un hombre cojo, y tercero, el móvil del asesinato fueron los celos. Kipp se había estado metiendo con la esposa de Fuller.
Kipp había sido reportado como desaparecido el 8 de octubre de 1931, y una semana después, el sheriff Welton Rhodes recibió una pista anónima de que debía buscar el cuerpo de Kipp en algunos de los pozos de mina del rancho Wagner, a unas 10 millas de Raymond.
El sheriff Rhodes tomó a algunos agentes y se dirigió a las colinas. Mientras registraba las minas de la zona, llegó a la mina Walker, donde encontró algo que parecía sospechoso. Cerca de la boca del tiro, encontró marcas de neumáticos. En una roca a aproximadamente un pie del borde del tiro y en briznas de pasto cercanas, encontró manchas de sangre. Rhodes pidió más ayuda. Pronto apareció Victor Lind, un minero de la zona, con un malacate y madera. Descendió a la mina, y a 146 pies de profundidad encontró el cuerpo de Kipp flotando en el agua. Lind subió el cuerpo a la superficie y luego volvió por la muleta de la víctima coja.
Later investigation showed that Kipp had been shot in the head and shoved down the shaft. Rhodes speculated that Kipp had been plied with liquor or forced by someone to walk to the mineshaft and shot. He did not die instantly, for Dr. Dow Ransom determined from the autopsy that Kipp had water in his lungs and died from drowning.
It just so happened that Fuller was well known in Raymond because he owned some mining property and was familiar in the area. On the day of the murder, Fuller and Kipp had stopped in
Raymond for fuel and something to eat, and the waitress recognized them and told the sheriff. This led Rhodes to Fuller’s house where he talked with his wife who gave the lawman some curious information. She acknowledged a relationship with Kipp and said that her husband had once told her that the mineshafts of Madera County would be a perfect place to hide a body. This of course put Fuller in the center of the radar screen.
Fuller, por supuesto, negó tener conocimiento de la muerte de su socio, pero luego una labor detectivesca por parte de Rhodes vinculó a Fuller con el crimen.
El sheriff Rhodes supo por el empleado de la gasolinera que Kipp y Fuller habían manejado hasta Raymond en el auto de Kipp. Cuando el automóvil apareció en un taller de Merced bajo el nombre de Albert Fuller, Rhodes supo que había atrapado a su hombre.
Upon being confronted with the evidence, Fuller admitted that he and Kipp had gone to the mine. The killer claimed they went there to retrieve some liquor Kipp had hidden there. Fuller said they began to quarrel over Mrs. Fuller and Kipp pulled out a gun. In the struggle that followed, the one-legged man lost his footing, shot himself in the head, and fell down the mineshaft. Fuller said he stood at the mouth of the mineshaft for about five minutes and called several times but got no answer. He claimed that he at first he was going to notify the law but decided to tell his wife first. Fuller said his wife convinced him not to say anything to anybody.
Nadie creyó la historia de Fuller y fue juzgado por el asesinato de Kipp. El jurado lo declaró culpable y el juez Stanley Murray lo condenó a la horca. El 28 de diciembre de 1931, el alguacil Rhodes y el ayudante G.W. Van Curen abordaron el tren en Madera con Fuller para llevarlo a su destino final.
Fuller combatió su condena a muerte con furia, pero el fiscal de distrito del condado de Madera, Mason Bailey, luchó con más fuerza. El condenado apeló siete veces, pero en cada caso, Bailey ganó.
Así que Albert Fuller fue ahorcado por el asesinato del zapatero cojo y colega contrabandista. Él nunca esperó que el cuerpo destrozado de James Kipp fuera encontrado jamás en el fondo de ese pozo de mina, pero se equivocó; tal vez olvidó quién era el sheriff.