En 1947, Madera era básicamente un pueblo pequeño y pacífico de poco más de 9,000 habitantes. Casi todo parecía marchar sobre ruedas; el pueblo había estado bastante tranquilo y las noticias eran rutinarias.
Sin embargo, había una espinita clavada. Una oleada de robos nocturnos tenía desconcertada a la policía de Madera. Vigilancias, aumento de patrullas, programas de concientización ciudadana — todos resultaron igualmente ineficaces. Ninguna medida correctiva parecía funcionar.
El jefe de policía Walter E. Thomas exigió diligencia entre los miembros de su departamento. Debían detenerse estos allanamientos; el público y sus propiedades debían ser protegidos. Con esta advertencia resonando en sus oídos, los oficiales John Voith y Ernie Fernandez comenzaron su patrullaje nocturno el 6 de marzo de 1947.